
Cultura histórica. De qué nos sirve
El historiador no está para recordar o para cultivar la nostalgia, sino para fijar temporalmente lo que ocurrió, asumiendo la provisionalidad. Su función es transformar el recuerdo en conocimiento contrastado, rescatando la verdad tentativa de los hechos. El buen historiador ejerce la crítica frente a la memoria y, por eso, resulta incómodo: examina lo que quizá preferiríamos olvidar.








