Picasso

#MAKMAArte
‘Picasso: los cuadernos de Royan’
Comisarios: Marilyn McCully y Michael Raeburn
Museo Picasso Málaga
Palacio de Buenavista
San Agustín 8, Málaga
Hasta el 30 de abril de 2025

El Museo Picasso Málaga inauguró el pasado 31 de enero la exposición ‘Picasso: los cuadernos de Royan’, una muestra comisariada por los expertos Marilyn McCully y Michael Raeburn, que se podrá disfrutar hasta el 30 de abril de 2025, en la que se reúnen ocho cuadernos a lápiz y tinta, junto con gouaches, fotografías, pinturas, dibujos y poemas, fervientes evidencias de que el artista malagueño siguió dando rienda suelta a su pulsión creadora durante su breve pero prolífica estancia en Royan, donde se refugió por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

“Mi marido y yo vinimos en 1993 para hacer una investigación de Picasso y, por tanto, esto es como venir a casa por Navidad, así que cuando empezamos a vislumbrar la muestra me reafirmé en que, efectivamente, el Museo Picasso Málaga era el sitio perfecto para albergarla”, explica  la comisaria Marilyn McCully “En una conversación que tuvimos con Bernard Picasso, cuando fuimos a Bruselas y vimos los cuadernos, casi me pongo a llorar, porque es lo más cerca que se puede estar del artista; es como si plasmara sus ideas directamente y las pudiéramos ver”, añade McCully.

Con el comienzo de la guerra en 1939, Picasso decide instalarse en la costa atlántica francesa, en la marítima localidad de Royan. Allí, su actividad artística tomó un rumbo notablemente distinto, en gran medida por el desabastecimiento de materiales artísticos, en tanto que la ciudad del Charente Marítimo se encontraba en las antípodas de la amplia y factible disponibilidad que ofrecía la gran urbe parisina.

Durante su estancia en Royan, el pintor malagueño se encontró con la imposibilidad de obtener ciertos recursos como lienzos, bastidores y óleos, que resultaban mucho más difíciles de encontrar que otros más modestos, como el papel, la tinta o el gouache.

Su expareja, Marie-Thérèse Walter, y Maya, la hija de ambos, se instalaron en la localidad un par de meses antes de la llegada de Picasso. De esta manera, lejos de la expuesta capital, esta villa-balneario de arquitectura decimonónica parecía ser un lugar seguro donde asentarse mientras acechara el conflicto bélico.

Picasso. Museo PIcasso Málaga. Marilyn McCully y Michael Raeburn
Vista de la exposición ‘Picasso: los cuadernos de Royan’, en el Museo Picasso Málaga.

Durante los ocho meses que pasó en Royan, Picasso estuvo asiduamente turbado e inquieto por la guerra, realizando en reiteradas ocasiones el trayecto de 500 kilómetros que distan entre la costera ciudad de Nueva Aquitania y París para comprobar, como foráneo que era, que su documentación estaba en regla, controlar el almacenamiento y la protección de sus obras, incluso para asistir a los preparativos de una exposición sobre sus bocetos.

Una compleja situación que queda perfectamente definida mediante las palabras de la comisaria de la exposición Marilyn McCully: “Él se fue a Royan en el contexto de la guerra, estando muy preocupado, así que cogió todo y se marchó; ya había instalado a su expareja y su hija allí, donde la guerra no llegó hasta el final de su estancia, pues estuvo casi un año”.

“Durante esta etapa fue cuando más salió de su estudio, pintando más sobre la naturaleza que sobre la guerra; también a mujeres y cabezas de animales. Royan está muy cerca de Burdeos y, como historiadora del arte, cuando pienso en Burdeos pienso en Goya, que también estaba muy presente allí con él”, agrega la comisaria.

Así, encaminó gran parte de su tarea creativa hacia al dibujo, herramienta que utilizaría para desarrollar sus ideas de manera secuencial, como era habitual en su método de trabajo. Esta nueva experimentación hacia la línea y el esbozo quedó plasmada en ocho cuadernos, realizados durante su estancia en Royan, en los que se focalizó en la representación de figuras y cráneos, así como en el bocetaje de ciertas pinturas en las que estaba trabajando. Estos bosquejos los realizó sobre todo en pequeños cuadernos de dibujo que, incluso en algunos casos, se encontraban rayados o cuadriculados, los cuales adquirió en un establecimiento local.

Picasso. Jaime Sabartés. Dora Maar
Picasso con Jaime Sabartés, en su taller de Royan, fotografiados por Dora Maar.

Su gran amigo y secretario, Jaime Sabartés, que lo había acompañado hasta Royan, contaba que el artista compraba los cuadernos de dibujo en la librería Hachette de la costera localidad. “Los llena enseguida copiando las líneas generales de los cuadros que pinta, para conservar un recuerdo de lo que puede borrar y transformar con el tiempo, y anota las ideas que se le van ocurriendo. Porque, en Royan, su manera de expresarse se manifiesta de un modo especial y tiene necesidad de poner en orden las ideas”, subraya McCully.

Estos modestos y reducidos soportes le permitieron llevar consigo su trabajo, ya fuera a su habitación de hotel, a la villa e incluso a la mesa de un café al aire libre. Una costumbre bastante ordinaria en la tarea previa o experimental de los artistas que el pintor malagueño también practicó con frecuencia, utilizando durante toda su carrera libretas de bocetos para anotar ideas visuales, con referencias también a obras anteriores o a nuevas concepciones, que podía usar para vislumbrar futuras composiciones pictóricas.

“Los cuadernos te caben en el bolsillo, así que sirven para poder trabajar tanto en el estudio como en una cafetería: son como un taller portátil y suelen ser cuadriculados, es decir, la mayoría son cuadernos de notas y no de dibujo, aunque hay dos más grandes que sabemos compró en París, y no en Royan”, resalta la comisaria.

Picasso. Cuadernos de Royan. Museo Picasso Málaga
Uno de los cuadernos de Royan de Pablo Picasso, presente en la exposición del Museo Picasso Málaga.

Y añade: “También encontramos en la muestra otros soportes no muy habituales, como una paleta con sus trazos y su huella, que confeccionó a través de tablones o fundas de sillas de mimbre, los cuales utilizó como herramienta de trabajo para, posteriormente, firmarlos por atrás. Así, convirtió una paleta en una obra de arte en sí misma”.

Los cuadernos confeccionados en Royan comprenden distintas temáticas y géneros pictóricos, algunos de los cuales Picasso abordó desde la más próxima inspiración, como en sus estudios de la figura femenina, que recuerdan muy acertadamente a su compañera de aquel momento, a la que también quiso llevarse consigo, la fotógrafa Dora Maar, importante fuente de inspiración del artista durante gran parte de su praxis artística y vital en este preciso momento creativo.

Eso sí, resulta destacable la casi ausencia de retratos de otra de las mujeres que habían formado parte de su vida, Marie-Thérèse Walter, así como de su hija Maya, a las que veía a diario, ya que también convivían con él y con Maar en la pequeña ciudad francesa.

“En esta exposición, hay ciertas ideas que están en constante diálogo, como, por ejemplo, en todo aquello asociado a la figura femenina. Todas las mujeres que representa en este momento –algunas de las cuales se pueden observar en la muestra– presentan unos rasgos muy marcados, con el pelo profusamente oscuro, muy influenciados por su compañera Dora Maar, a la que le hemos dedicado toda una pared y una sección, porque no hay que olvidar que ella también era artista y que, mientras él creaba sus obras, ella también configuraba las suyas propias”, precisa McCully.

Vista del espacio educativo de la exposición en el Museo Picasso Málaga. Diseño arquitectónico de Cécile Degos.

Otro tema que el artista conreó, en este breve pero prolífico periodo, fue el bodegón, un género que abordó en estos tiempos de guerra a través de un especial dramatismo, fruto de la tristeza existencial del conflicto. También encontramos, entre las obras expuestas en el Museo Picasso Málaga, un cuaderno dedicado a las líneas poéticas, forma de expresión artística y literaria con la que había experimentado por primera vez algunos años antes, en 1935.

Por otro lado, un factor importante que, igualmente, pudo influir en su preferencia por el dibujo remite al espacio de trabajo, instalándose, de partida, en un pequeño salón comedor de la Villa Gerbier de Jonc, donde también se alojaban Marie-Thérèse Walter y su hija Maya, así como la madre y la hermana de Marie-Thérèse.

Cabe recordar que Picasso vivía en la misma localidad con Dora Maar, concretamente, en el Hotel du Tigre, aunque decidió alquilar su primer estudio independiente en este edificio, donde vivía su hija y la madre de esta; un arreglo que le debió resultar bastante limitador tanto desde el punto de vista físico como emocional. Ya a comienzos de 1940, decide alquilar la tercera planta del edificio Les Voiliers, que tenía vistas al mar.

“Es fascinante que Picasso se llevara a las personas más importantes de su vida a Royan y que vivieran al lado los unos a los otros. Su hija, Maya, llegó a contar que, a veces, el pintor malagueño iba a contarle un cuento y Dora se ponía celosa de esto, así que, sí, tuvo que ser una época muy compleja para él en lo personal”, comenta McCully.

Esta problemática a la que se enfrentó, viéndose limitado en los primeros meses de estancia por el espacio del estudio, cobra un singular sentido, teniendo en cuenta que, en París, había dejado no uno, sino dos amplios talleres: todo un piso en la Rue La Boétie, que albergaba obras en curso y tenía espacio para almacén, y el gran ático de la Rue des Grands-Augustins, lugar donde había pintado el ‘Guernica’ dos años antes de marchar a Royan.

Visitante frente a ‘Busto de mujer con los brazos cruzados detrás de la cabeza’, en el Museo Picasso Málaga.

Fuera de París, había utilizado como estudio el granero de la casa que el marchante Ambroise Vollard poseía en Le Tremblay-sur-Mauldre, donde, desde finales de 1936, se alojaban Marie-Thérèse Walter –que por aquel entonces era la amante de Picasso– y la hija de ambos.

Picasso también practicó, durante su estancia en Royan, la pintura de soporte tradicional, que tenía, en la mayoría de casos, un formato de mayor envergadura que sus cuadernos. Aunque no se tiene exacta certeza del número lienzos que Picasso pintó durante su estancia en la costa atlántica francesa, cuatro obras presentadas en esta exposición reflejan su actividad pictórica y su pulsión creativa en ese período, a través de la concepción de grandes obras.

Se tratan de ‘Busto de mujer con los brazos cruzados detrás de la cabeza’, de 1939, perteneciente a la Colección del Museo Picasso Málaga; ‘Tres cabezas de cordero’, también del mismo año, prestada por el Centro Nacional de Arte Reina Sofía; ‘Mujer peinándose’, realizada el año 1940, procedente del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York; y ‘Café en Royan’, compuesta en agosto de 1940, cedida por el Musée Picasso de París.

Dos visitantes conversan junto a la obra ‘Tres cabezas de cordero’, en el Museo Picasso Málaga.

“Respecto a las cabezas de cordero, cabe decir que las compró al lado de donde vivían para dárselas a su perro, que también se había traído desde París. Cuando pinto a esta obra, llamo mentalmente a Goya, que también tiene una obra que muestra estas cabezas, y a Cézanne, que era un artista primordial para Picasso”, destaca la comisaria.

“Otro de los pintores que le influencian es Matisse. De hecho, compra una obra de él y se la lleva a Royan, donde la exhibe en su salón; la podemos ver en algunas de las fotografías que se muestran en la exposición, donde aparece la sala de estar con esta obra y donde, igualmente, aparecen unas flores con una caja de bombones. Picasso era un hombre que siempre tenía a mano la historia del arte y sus grandes”, apunta Michael Raeburn.

A través de estas cuatro obras, se evidencia un cierto cambio también en la concepción de las formas artísticas: “Si antes había recurrido a la simplificación del arte tribal para escapar de una tradición superada de imitación objetiva, ahora intentaba aprovechar la fuerza interior de esos mismos modelos para penetrar en la idoneidad subjetiva de cabezas y figuras”, añade Raeburn.

McCully nos habla de otro de sus lienzos: “Me puse a hablar con la gente del MoMA, porque hay algunos lienzos muy grandes, como ‘Mujer peinándose’, y quería saber dónde había comprado lienzos de tales dimensiones. Parece ser que hicieron un viaje a París y compraron material, así que creo que de ahí vienen estos dos lienzos tan grandes”.

Visitante frente a ‘Mujer peinándose’, en el Museo Picasso Málaga.

“Entonces fue –continúa la comisaria– cuando empezó a trabajar en la composición de una mujer. De hecho, en uno de los cuadernos hay ensayos de esta obra. Es un hito para este museo haber traído este cuadro desde Nueva York, aunque es una obra con una esencia también de aquí, con ella mirando hacia arriba y donde, además, podemos ver una especie de altar; es una obra muy española a la vez”.

El 14 de junio de 1940, París era ocupada por las tropas alemanas y, el 24 de agosto de ese mismo año, Picasso regresaba definitivamente a París, recuperando el material que había dejado en Royan unos meses más tarde. En 1945, el edificio de Royan en el que instaló su segundo estudio fue destruido en un bombardeo.

“La exposición acaba con una referencia a una corrida de toros donde, de nuevo, vemos al gran Francisco de Goya. Su referencia a los toros es algo que viene de aquí, de Málaga, de España, y siempre formará parte de su imaginario. Por eso hemos incluido algunos dibujos de este mundo de la tauromaquia, que también es muy suyo”, concluyen McCully y Raeburn.